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La estancia en Tazacorte y la premonición del martirio (II)

by José Guillermo Rodríguez Escudero
julio 5, 2026
in Cultura, La Palma, Opinión
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LOS MÁRTIRES DE TAZACORTE · II

La estancia en Tazacorte y la premonición del martirio (II)

Cinco días de hospitalidad en Tazacorte y el presagio que cambió el destino de los jesuitas

La estancia en La Palma

Vista antigua de la zona del puerto de Santa Cruz de La Palma (Nobilissima Palmaria Civitas, ca. 1770).

Nada más desembarcar, los misioneros fueron recibidos con extraordinaria hospitalidad. Al día siguiente recibieron abundantes frutas, cañas de azúcar y refrescos enviados por el acaudalado comerciante flamenco Melchor de Monteverde y Pruss, antiguo compañero de estudios de Ignacio de Acevedo en Oporto. La amistad entre ambos se remontaba a la juventud, cuando también sus respectivas familias mantenían una estrecha relación.

Aquella misma tarde, Ignacio, acompañado por varios jesuitas y algunos miembros de la tripulación, acudió a la residencia de los Monteverde para agradecer personalmente los obsequios recibidos. El reencuentro entre los dos viejos amigos estuvo marcado por la emoción y la alegría tras tantos años de separación.

Melchor insistió en que toda la expedición se alojara en su imponente casona, rodeada de fértiles plantaciones de caña de azúcar y situada en un enclave de clima privilegiado. La familia poseía extensas propiedades, abundante ganado —bueyes, vacas y acémilas— y disfrutaba de una posición económica excepcional. Todo en aquel lugar transmitía prosperidad y riqueza.

Ignacio de Acevedo, sin embargo, rechazó instalarse en la mansión. Consideró que aquel lujo resultaba incompatible con la sencillez propia de la vida religiosa. Aun así, permitió que, de manera escalonada y por turnos, sus compañeros fueran acogidos y atendidos por la familia Monteverde.

El cronista Talio Noda señala que, conforme al plan establecido, el beato Ignacio de Acevedo acudía diariamente con distintos grupos desde el puerto hasta el núcleo de Tazacorte, situado a unos dos o tres kilómetros. Allí, según la tradición, los mártires se alojaron en una vivienda que aún hoy se identifica con aquel episodio histórico.

Noda añade que la desaparecida mansión de los Monteverde no ha dejado restos visibles, aunque todo apunta a que la actual plaza del pueblo ocupa el solar donde se levantaba aquella residencia. Incluso plantea la posibilidad de que la iglesia actual se edificara, tras sucesivas ampliaciones y reformas, sobre la antigua capilla privada de la familia.

El contraste entre el esplendor de los Monteverde y la austeridad de los jesuitas también quedaba patente en el desaparecido oratorio familiar, cuyas riquezas sorprendieron profundamente a los visitantes. Fue precisamente en este lugar donde Ignacio de Acevedo celebró misa y escuchó las confesiones de numerosos fieles.

Conviene recordar que durante su estancia previa en el lisboeta Valle del Rosal algunos jesuitas acostumbraban a retirarse a unas cuevas donde encontraban recogimiento y tranquilidad. Aquellos recuerdos volvieron a hacerse presentes en Tazacorte. En la desembocadura del Barranco de las Angustias no solo disfrutaban de la playa, sino también de las oquedades naturales abiertas en los escarpados riscos, donde varios de ellos llegaron incluso a pasar la noche, evocando aquellas jornadas de retiro vividas en Portugal.

El santuario de Nuestra Señora de Las Angustias en la actualidad, uno de los lugares vinculados a la estancia de los jesuitas en La Palma.

Los religiosos permanecieron cinco días en Tazacorte. Durante ese tiempo desarrollaron una intensa actividad apostólica y evangelizadora siguiendo las normas de la Compañía de Jesús. Concluida esta labor, decidieron continuar viaje hasta Santa Cruz de La Palma para cumplir con los asuntos mercantiles previstos antes de emprender definitivamente la travesía hacia Brasil.

Melchor de Monteverde aconsejó entonces a Ignacio que realizara el desplazamiento por tierra. El litoral, advertía, seguía siendo peligroso debido a la presencia de corsarios, por lo que incluso puso a su disposición animales de carga de su propiedad para trasladar con seguridad a toda la expedición. Pese a ello, Ignacio de Acevedo decidió continuar el trayecto por mar a bordo del Santiago.

Existe, sin embargo, una tradición muy difundida que sostiene que, en un primer momento, el superior jesuita había aceptado la propuesta de su amigo e incluso ordenó desembarcar parte del equipaje para emprender la marcha por tierra.

La premonición del martirio

El 13 de julio de 1570, Ignacio de Acevedo celebró la que sería su última misa. La tradición sitúa esta celebración en la antigua iglesia de San Miguel Arcángel, entonces patrono de La Palma, en la localidad de Tazacorte. No obstante, otros documentos contemporáneos sostienen que aquella eucaristía pudo haberse celebrado en la capilla de los Monteverde o incluso en la ermita de Nuestra Señora de Las Angustias, en el actual municipio de Los Llanos de Aridane.

La tradición relata que, en el instante de consumir el cáliz durante la Consagración, el jesuita recibió una revelación sobre el martirio que le esperaba. La impresión fue tan intensa que, de manera involuntaria, mordió el borde del cáliz, dejando una pequeña melladura que quedó visible para siempre.

El cronista Juan Bautista Lorenzo Rodríguez describió aquel episodio con estas palabras: «En un sagrario muy decente se guardaban, con mucha veneración, el cáliz y patena, regalo de San Pío V, con que habían dicho la misa, el cual conservaba una confusa melladura hecha con los dientes incisivos, al tiempo de sumir el linguis, atribuyéndose entonces este hecho a la revelación que en aquel momento había tenido dicho padre de que iba a padecer martirio».

Fuera cual fuese el origen de aquella experiencia, lo cierto es que desde ese momento algo cambió en el ánimo de Ignacio de Acevedo. Según la tradición, aquella visión modificó por completo sus planes. Finalizada la celebración, manifestó su decisión definitiva de continuar el viaje por mar, aceptando el destino que, convencido, Dios había reservado para él y para sus compañeros.

Antes de partir, una parte de las reliquias que el papa San Pío V le había confiado fueron desembarcadas y entregadas a Melchor de Monteverde como muestra de gratitud por la hospitalidad recibida y, posiblemente, para evitar que cayeran en manos de los enemigos de la fe si la expedición era atacada. El noble flamenco depositó aquel pequeño cofrecillo en la ermita de San Miguel, donde todavía hoy se conserva.

No obstante, Talio Noda aporta una interpretación diferente. El investigador recuerda la existencia de una carta escrita por el padre Pedro Dias a sus superiores apenas un mes después de los acontecimientos y remitida desde Madeira. En ella se afirma que la renuncia al viaje por tierra no obedeció a ninguna revelación sobrenatural, sino a la falta de aparejos y medios suficientes para efectuar el traslado del equipaje. Ese testimonio habría llegado a través de un tripulante que consiguió regresar a Funchal tras ser liberado por los hugonotes.

Una vez reembarcados los enseres que habían permanecido en tierra, el galeón Santiago levó anclas el 14 de julio de 1570 con rumbo a Santa Cruz de La Palma, bordeando la costa sur de la isla. Aquel día el mar presentaba una calma casi absoluta en la vertiente occidental, circunstancia que obligó a la nave a avanzar lentamente en dirección a La Gomera, aprovechando el suave terral que descendía desde tierra para impulsar la navegación.

El antiguo puerto de Tazacorte, donde recaló el galeón Santiago.
Representación de los Mártires de Tazacorte.
Representación de los Mártires de Tazacorte.

Segunda entrega de la serie de José Guillermo Rodríguez Escudero sobre los Mártires de Tazacorte. Continuará.

BIBLIOGRAFÍA

  • NODA GÓMEZ, Talio. Otra aportación sobre los Mártires de Tazacorte. Ayuntamiento de Tazacorte, 1996
  • LORENZO RODRÍGUEZ, Juan Bautista. Noticias para la historia de La Palma. Santa Cruz de La Palma: Cabildo Insular de La Palma, 1975-2011. 4 vs.

LA SERIE · LOS MÁRTIRES DE TAZACORTE

  • I. Ignacio de Azevedo, el jesuita que encabezó la expedición hacia el martirio.
  • II. La estancia en Tazacorte y la premonición del martirio (esta entrega).
  • III. El martirio de los cuarenta jesuitas frente a las costas de La Palma (próxima entrega).
  • IV. La sombra del corsario: La Gomera, las premoniciones y el nacimiento de una devoción (próxima entrega).
  • V. Milagros, reliquias y el memorial submarino de los Mártires de Tazacorte (próxima entrega).
  • VI. Los murales de San Miguel y los versos que mantienen viva la memoria (próxima entrega).
  • VII. El legado pictórico y la arqueta de las reliquias de los Mártires (próxima entrega).
  • VIII. La casulla sagrada y la cruz conmemorativa: el cierre de la memoria (próxima entrega).

SOBRE EL AUTOR

José Guillermo Rodríguez Escudero es historiador y colaborador habitual de El Faro de La Palma. Firma en estas páginas artículos sobre patrimonio, arte y memoria de La Palma.

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  • El esplendor del antiguo Corpus Christi en Santa Cruz de La Palma (I): una fiesta de fe, teatro y poder ciudadano.
  • La Fiesta de las Madres (I): el nacimiento de una tradición y el misterio de la Virgen de las Nieves.
José Guillermo Rodríguez Escudero

José Guillermo Rodríguez Escudero

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