OPINIÓN · CRÓNICA
Comprender es aliviar
Una crónica sobre la conferencia «Párkinson y alzhéimer: factores de riesgo», impartida por el catedrático de la Universidad de La Laguna Antonio Lorenzo Hernández en el Centro Cultural de Los Canarios de Fuencaliente.
Belén Lorenzo · 14 de agosto de 2026
En poco tiempo dejó de reconocer a su hija. Sabía que tenía una, claro que lo sabía. Cómo iba a olvidar a su pequeña, a la niña que se convirtió en la alegría de la casa. Pero dejó de verla en la mujer joven que vivía con él, de la misma manera en la que tampoco identificaba a su esposa en aquella persona que lo acompañaba siempre.
A veces, su hija le preguntaba por ella misma. A él, entonces, se le iluminaba la cara y hablaba maravillas. En su mente, conversaba con una cuidadora. En la realidad, era su hija la destinataria de esas palabras que recibía con el corazón encogido.
En aquel momento no se había popularizado el término alzhéimer para nombrar la enfermedad. Se aceptaban sus estragos como algo inevitable, como una circunstancia propia del devenir de la vida. O se intentaba. Muchos años después, aquella hija, huérfana ya de padre y madre, acudió a la conferencia «Párkinson y alzhéimer: factores de riesgo», impartida por el catedrático de la Universidad de La Laguna Antonio Lorenzo Hernández. Ambos se conocían de toda la vida, de cuando él vivía en Las Indias y lo llamaban Melo. Por eso lo saludó en cuanto llegó al Centro Cultural de Los Canarios, y luego tomó asiento junto a otros vecinos de Fuencaliente. Se dejó envolver por la atmósfera familiar, amable, previa a la conferencia. Fueron, precisamente, dos primas del ponente, las encargadas de presentarlo. Genoveva y Eugenia Pérez Curbelo le dieron paso con unas palabras tan cercanas como ellas mismas y, a partir de entonces, Antonio Lorenzo fue desentrañando, de manera precisa y didáctica, lo que se encuentra detrás de enfermedades neurodegenerativas tan duras y complejas. A ella le quedaron, muy pronto, dos cosas claras: lo que comemos hoy puede afectar a nuestro cerebro mañana, y el ejercicio no solo fortalece nuestros músculos, también puede ayudar a nuestras neuronas.

Se llevó tarea para casa: comer más pescado, desde luego (fuente de omega-3), y menos azúcar refinado (responsable de los picos de glucosa y de insulina); acostumbrarse a consumir naranjas enteras (ricas en antioxidantes y fibra), en lugar de zumos; hacer ejercicio, aunque sea moderado (favorece la plasticidad cerebral gracias a la producción de ácido láctico). Y se quedó tranquila: Melo aseguró que no importaba si un día se permitía un almendrado del Bar Parada o un croissant de Zulay. Lo fundamental son los hábitos.
Entendió, también, que se desconoce lo que origina las dos enfermedades (idiopáticas, así las había denominado Antonio Lorenzo), pero sí es posible alejarlas o frenarlas. Y que la genética no lo es todo, no es una sentencia definitiva. «Comprender es aliviar», pensó. Esa frase de la psiquiatra Marian Rojas Estapé resumía perfectamente su sensación. Comprender no borra el dolor ni la preocupación, pero los hace más llevaderos. Y aquella tarde regresó a su vida con menos peso.
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Comprender no borra el dolor ni la preocupación, pero los hace más llevaderos
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BELÉN LORENZO
SOBRE LA AUTORA
Belén Lorenzo es colaboradora de El Faro de La Palma, donde firma crónicas de mirada literaria sobre la vida, el arte y la gente de la isla. En sus textos se detiene en lo cotidiano y en los pequeños detalles que, mirados de cerca, cuentan algo más grande.



