EL FRESCO DE MARIANO DE COSSÍO · III
Mariano de Cossío, retrato de un maestro pintor (III)
De Valladolid a Tenerife: la vida de Mariano de Cossío (1890-1960), pintor y profesor de Dibujo cuya labor dejó una profunda huella en Canarias.
Retazos biográficos del maestro pintor
Mariano de Cossío Martínez-Fortún (Valladolid, 2 de agosto de 1890 – Valladolid, 5 de enero de 1960) fue una de las figuras más destacadas de la pintura española de la primera mitad del siglo XX, además de un prestigioso profesor de Dibujo cuya labor docente dejó una profunda huella en Canarias.

Huérfano de padre y madre desde los tres años, fue criado junto a sus hermanos por su abuela paterna. Su infancia transcurrió entre Valladolid y Tudanca (Cantabria), dos escenarios que marcaron su personalidad y sensibilidad artística. Tras finalizar sus estudios de bachillerato en el Colegio San José de los Jesuitas de la ciudad pucelana, se trasladó a Madrid con la intención de cursar Arquitectura. Sin embargo, el contacto con su tío, Manuel Bartolomé Cossío, y el ambiente intelectual de la Institución Libre de Enseñanza despertaron en él una vocación artística cada vez más intensa y un firme interés por las corrientes renovadoras del pensamiento y la cultura.

Aunque llegó a estudiar varios cursos de Arquitectura, pronto comprendió que su verdadera vocación era la pintura. Se formó bajo la dirección de Eduardo Chicharro y, posteriormente, perfeccionó su técnica en Valladolid copiando las esculturas de Alonso Berruguete y Juan de Juni conservadas en el Museo de Santa Cruz. Aquel ejercicio contribuyó decisivamente a desarrollar su dominio del dibujo, el volumen y la composición. Entre sus primeras realizaciones figuran la Reconstrucción del retablo de San Benito y el dibujo La calle de la Lira.
Tras un periodo dedicado principalmente a la administración de las propiedades familiares en Villada (Palencia), ya casado con Ana Estremera de la Torre de Trasierra, retomó plenamente la actividad pictórica gracias al estímulo del pintor inglés Cristóbal Hall, a quien siempre consideró su auténtico maestro. Entre 1926 y 1936 vivió una de las etapas más fecundas de su carrera artística, preparando su primera exposición en Madrid y participando después en numerosas muestras.

En 1930, siendo ya padre de diez hijos, decidió obtener el título de profesor de Dibujo. Superó con éxito las pruebas convocadas por la Academia de Bellas Artes de San Fernando, iniciando así una brillante trayectoria docente que compaginó con su producción artística.
Durante esos años desarrolló un lenguaje plástico influido por el nuevo realismo, el cubismo humanizado de Daniel Vázquez Díaz y las enseñanzas de Paul Cézanne, prestando especial atención al estudio de la forma, el volumen y la luz. Sobresalió como retratista, paisajista y pintor de bodegones, sin olvidar su conocida afición por la tauromaquia, tema al que dedicó varias composiciones.

En 1936 obtuvo por oposición la cátedra de Dibujo de Enseñanzas Medias en el actual Instituto Cabrera Pinto de San Cristóbal de La Laguna, ciudad donde residiría durante los últimos veinticinco años de su vida. No obstante, ya se había instalado en Tenerife un año antes, en 1935, donde compaginó la docencia con una intensa actividad creadora. Además de impartir clases en el instituto, enseñó Dibujo en la Escuela de Magisterio y en la Escuela de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife.
Como recoge Antonio Rumeu de Armas, Mariano de Cossío nunca abandonó la pintura. A su producción personal se sumaron numerosos encargos de retratos, paisajes y grandes decoraciones murales para edificios públicos y templos religiosos. Entre ellas destacan la decoración del techo del Paraninfo de la Universidad de La Laguna (1950), los murales de la iglesia de Santo Domingo de Guzmán (1958) y el gran fresco del Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, realizado en 1952.

En la última etapa de su trayectoria artística evolucionó hacia un estilo más sobrio y clásico, aunque siempre conservó el sólido sentido constructivo y el rigor compositivo que habían caracterizado toda su producción.

Quienes lo trataron coinciden en destacar no sólo su extraordinaria calidad artística, sino también su dimensión humana. Hombre de amplia cultura, curioso por naturaleza y siempre abierto al debate intelectual, disfrutaba de una conversación brillante y cercana. Poseía un carácter cordial y afable, aunque de temperamento vivo, cualidades que le granjearon un profundo respeto tanto en el ámbito artístico como en el académico.
Mariano de Cossío falleció de forma repentina en Valladolid el 5 de enero de 1960, durante una visita navideña a sus hermanos. La muerte le sorprendió en la misma habitación de la casa de la calle Torrecilla —antiguo palacio de los condes de Cancelada— donde había nacido casi setenta años antes. Con él desaparecía un artista cuya obra ocupa hoy un lugar de referencia dentro de la pintura española del siglo XX.
Tercera entrega de la serie de José Guillermo Rodríguez Escudero sobre el fresco de Mariano de Cossío. Continuará.
LA SERIE · EL FRESCO DE MARIANO DE COSSÍO
- I. El Ayuntamiento renacentista y el Pendón de la Conquista.
- II. El «fresco de los oficios»: el artista y su técnica.
- III. Mariano de Cossío, retrato de un maestro pintor (esta entrega).
- IV. Los grandes murales de Cossío en Canarias.
- V. La iconografía del fresco (I): la siembra, la vendimia y el lagar.
- VI. La iconografía del fresco (y II): la seda, la emigración, los oficios del mar y la restauración.
SOBRE EL AUTOR
José Guillermo Rodríguez Escudero es historiador y colaborador habitual de El Faro de La Palma. Firma en estas páginas artículos sobre patrimonio, arte y memoria de La Palma.
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