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El legado benahoarita de San Andrés y Sauces: El Tendal y los santuarios del mar

by Manuel Marcos Pérez Hernández
julio 22, 2026
in Cultura, La Palma, Opinión
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OPINIÓN · MEMORIA PALMERA

El legado benahoarita de San Andrés y Sauces: El Tendal y los santuarios del mar

San Andrés y Sauces conserva algunos de los testimonios más importantes de la cultura benahoarita de La Palma: el yacimiento de El Tendal, las cazoletas del litoral y las crónicas que ayudan a reconstruir la vida de sus antiguos pobladores. Por Manuel Marcos Pérez Hernández.

«San Andrés y Sauces conserva algunos de los testimonios más importantes de la cultura benahoarita de La Palma. El yacimiento de El Tendal, las estaciones de cazoletas del litoral y las antiguas referencias de los cronistas permiten reconstruir la vida, las creencias y los ritos de los habitantes del antiguo cantón de Adeyahamen».

La historia de San Andrés y Sauces comenzó mucho antes de la llegada de los conquistadores castellanos. Este territorio formaba parte del antiguo cantón de Adeyahamen, cuyo nombre puede traducirse como «debajo del agua», uno de los doce señoríos en que se dividía la isla de Benahoare y gobernado por el señor Bediesta. En estas tierras, los antiguos pobladores desarrollaron durante siglos una forma de vida profundamente ligada a la naturaleza, donde el trabajo, la religión y la observación del cielo constituían una misma realidad.

Las primeras referencias escritas sobre los benahoaritas proceden de cronistas como Fray Juan de Abreu y Galindo, quien en su Historia de la Conquista de las Siete Islas Canarias (1602) describió un pueblo de profundas creencias religiosas. Según relata, rendían culto en amontonamientos de piedra donde entonaban cantos y endechas, reconocían a Abora como la divinidad suprema y denominaban Tigotan al cielo, considerado el ámbito de lo sagrado. Su vida estaba marcada por el movimiento del Sol y las fases de la Luna, que regulaban tanto sus ceremonias como el calendario de sus actividades pastoriles.

Buena parte de ese pasado ha podido conocerse gracias a las investigaciones arqueológicas desarrolladas en la Cueva del Tendal, situada en el Barranco de San Juan de Los Galguitos. Este enclave está considerado el yacimiento arqueológico más importante de La Palma y uno de los más relevantes de Canarias por la extraordinaria secuencia estratigráfica que conserva. Las excavaciones han documentado cerca de un milenio de ocupación continuada, permitiendo reconstruir con gran precisión la evolución de la sociedad benahoarita.

Los descubrimientos realizados en El Tendal han cambiado la visión tradicional sobre aquellos antiguos pobladores. Además de la ganadería caprina, practicaban el cultivo de la cebada y aprovechaban de manera sistemática los recursos del litoral, configurando una economía más diversificada de lo que durante mucho tiempo se creyó. El yacimiento también ha permitido estudiar la evolución de la cerámica benahoarita, especialmente por la abundancia de recipientes decorados con motivos geométricos, fundamentales para conocer la evolución cultural de la isla antes de la conquista.

Las cazoletas de mar: un santuario al aire libre

Otro de los grandes tesoros arqueológicos de San Andrés y Sauces se encuentra junto al océano. En distintos puntos del litoral se conservan estaciones de cazoletas excavadas en la roca volcánica, cuyo significado ha podido comprenderse mejor gracias a los estudios arqueológicos y de arqueoastronomía realizados en los últimos años.

Lejos de ser simples cavidades, estas cazoletas forman parte de auténticos espacios ceremoniales. Diversas investigaciones, entre ellas las del arqueólogo Jorge País, indican que muchas de ellas presentan una orientación relacionada con la salida del Sol durante los solsticios y los equinoccios, e incluso con determinados fenómenos astronómicos, lo que demuestra el profundo conocimiento que los benahoaritas tenían del cielo y de los ciclos naturales.

En estos lugares sagrados se realizaban libaciones de leche y agua como ofrendas de agradecimiento por los recursos proporcionados por el mar. Estas estaciones rupestres convierten el litoral de San Andrés y Sauces en uno de los escenarios más significativos para comprender la espiritualidad de los antiguos habitantes de La Palma.

La muerte también estaba rodeada de un profundo simbolismo. Las crónicas señalan que, cuando una persona sentía próximo su final, pronunciaba la expresión «Vacaguaré» («quiero morir»). El moribundo era trasladado a una cueva, donde permanecía sobre pieles de cabra y acompañado de un gánigo con leche. Tras el fallecimiento, el cuerpo era cuidadosamente envuelto en pieles para evitar el contacto directo con la tierra, reflejando un complejo sentido de pureza ritual y respeto hacia los difuntos.

Ya en el siglo XIX, el naturalista francés Sabino Berthelot destacó la hospitalidad, la solidaridad y el respeto familiar como rasgos característicos de los antiguos pobladores de La Palma, valores que consideraba profundamente arraigados en la sociedad insular.

Hoy el Tendal y las estaciones de cazoletas del litoral constituyen dos de los pilares del patrimonio arqueológico de San Andrés y Sauces.

Yacimiento arqueológico de las cuevas del Tendal. Foto: David Castro Pérez.
Estación de cazoletas en el litoral de San Andrés y Sauces. Foto: Eduardo Pérez Cáceres.

Mi agradecimiento a Eduardo Pérez Cáceres y a Jesús Acisclo Machado Herrera.

FUENTES DOCUMENTALES

  • Abreu Galindo, Fray Juan. Historia de la conquista de las siete islas de Canaria.
  • País País, Jorge y Tejera Gaspar, Antonio. La religión de los benahoaritas.
  • País País, Jorge y Álvarez Rodríguez, Nuria. Las cazoletas marinas de Benahoare.
  • Martín Rodríguez, Ernesto. La Palma y lo auaritas.
  • Berthelot, Sabino. Historia Natural de las Islas Canarias.

SOBRE EL AUTOR

Manuel Marcos Pérez Hernández es colaborador habitual de El Faro de La Palma y autor de la serie «Memoria palmera», dedicada a rescatar la historia de San Andrés y Sauces y del norte de la isla: sus edificios, sus oficios, su emigración y su patrimonio.

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Manuel Marcos Pérez Hernández

Manuel Marcos Pérez Hernández

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