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San Andrés y Sauces en 1927: el retrato de un municipio palmero a través del Anuario General de las Islas Canarias

by Manuel Marcos Pérez Hernández
julio 13, 2026
in Cultura, La Palma, Opinión
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Vista de la Ciudad de Los Sauces en 1900, foto del Archivo General de La Palma

Vista de la Ciudad de Los Sauces. 1900. Archivo General de La Palma. Restaurada y coloreada por Abraham Tomás Díaz Abreu.

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MEMORIA PALMERA

San Andrés y Sauces en 1927: el retrato de un municipio palmero a través del Anuario General de las Islas Canarias

Manuel Marcos rescata del Anuario General de las Islas Canarias de 1927 el retrato de San Andrés y Sauces: sus dos núcleos, su economía del azúcar, su comercio y la vida cotidiana de un municipio que miraba al mar.

Hay libros que nacen para ser consultados y, sin pretenderlo, terminan convirtiéndose en auténticas cápsulas del tiempo. Ese es el caso del Anuario General de las Islas Canarias, publicado en Las Palmas en 1927 y editado por Juan T. Ribert. Su autor explica en el prólogo que no aspiraba a escribir una obra literaria, sino una recopilación práctica de datos que sirviera de guía para conocer las islas.

Entre sus páginas encontramos una detallada descripción de San Andrés y Sauces, una imagen fija de cómo era el municipio cuando España vivía bajo la dictadura de Miguel Primo de Rivera y La Palma seguía sustentando su economía en la agricultura, el pequeño comercio y las comunicaciones marítimas.

Explica que el municipio estaba formado por dos núcleos claramente diferenciados, separados por el profundo barranco de San Andrés o del Agua. Y lo define como una “ rica y próspera ciudad” del nordeste palmero.

San Andrés, situado junto al mar, era considerado uno de los asentamientos más antiguos de la isla. Los Sauces, por su parte, aparece como un núcleo urbano más moderno y ordenado con un trazado regular de calles.

El anuario destaca especialmente la calle de La Alhama, una de las principales vías del pueblo, así como la existencia de una espaciosa Alameda y una gran Plaza, auténticos centros de reunión donde transcurría buena parte de la vida cotidiana. Allí coincidían vecinos, agricultores, comerciantes, viajeros, en una época en la que la plaza seguía siendo el corazón social de cualquier municipio.

Con una población aproximada de 4.000 habitantes y situada a unos 28 kilómetros de Santa Cruz de La Palma, la localidad era uno de los municipios agrícolas más dinámicos de la isla.

Si algo distingue la descripción del anuario es la importancia que da al paisaje.

El texto subraya que el término municipal estaba formado por un valle fértil y accidentado, alimentado por los célebres manantiales de Marcos y Cordero, considerados entre los más abundantes de la provincia.

Gracias a esa riqueza hidráulica el municipio mantenía una agricultura especialmente productiva. El documento enumera los principales pagos: San Andrés, Sauces, Pajares, Barranquito, Lomitos de Abajo, Lomitos de Arriba, Pavones, Bajamar, Lomadas y Galguitos, nombres que hoy todavía forman parte de la geografía cotidiana del municipio.

En aquellos años el paisaje estaba muy lejos del monocultivo actual del plátano. Convivían numerosas explotaciones familiares dedicadas a cereales, papas, viña, frutales, caña de azúcar y otros cultivos tradicionales. La agricultura marcaba el ritmo de la vida diaria y el calendario laboral.

Una economía basada en la agricultura…y en la transformación de sus productos

Uno de los aspectos más interesantes del anuario es comprobar que San Andrés y Sauces no era únicamente un municipio agrícola, sino también un pequeño centro industrial.

El documento destaca expresamente la fabricación de mieles de caña, azúcar y aguardientes, actividades que daban valor añadido a la producción agrícola.

La elaboración de miel de caña era entonces una de las señas de identidad. Tras moler la caña en los trapiches, el jugo era cocido lentamente hasta obtener una miel espesa y oscura, muy apreciada tanto para el consumo doméstico como para la elaboración de otros productos.

Del mismo proceso nacían las conocidas rapaduras. El anuario cita un fabricante especializado en rapaduras especiales, don Florentino Ortega, testimonio del prestigio que había alcanzado este producto típico de la repostería insular.

La producción de aguardiente de caña completaba ese aprovechamiento integral de la caña de azúcar, una actividad con siglos de tradición en La Palma.

Junto a esta industria agroalimentaria, el anuncio menciona otra artesanía característica del municipio: la manufactura de mimbres y juncos, utilizada para fabricar cestos, serones y otros utensilios para labores agrícolas y el transporte de mercancías.

Un comercio sorprendentemente activo

Quizá uno de los mayores atractivos del anuario sea su directorio comercial.

En Los Sauces aparecen registrados 26 establecimientos e industrias.

Predominan los comercios dedicados a tejidos, ultramarinos y víveres, pero también encontramos ferreterías, fabricantes de mieles y aguardientes (contabiliza solo dos trapiches), talleres artesanales, fabricantes de objetos de mimbre y junco, carpinterías y el citado productor de rapaduras.

En San Andrés, por el contrario, el anuario recoge cuatro comercios, todos ellos relacionados con la venta de tejidos, ultramarinos y productos de primera necesidad.

La Administración

Como alcalde aparece Abraham Martín Herrera, acompañado por el secretario del Ayuntamiento,Leopoldo Martín González, el juez municipal, el médico titular, Antonio Martín González, el farmacéutico, el párroco, el jefe de Telégrafos, el administrador de Correos y los maestros nacionales, Norberto de Paz González, Felipe Martín González, José Pérez Sicilia, Enma López Herrera y Rosario Hernández.

La Palma de los años veinte

La isla vivía entonces una etapa de relativa estabilidad económica.

El plátano comenzaba a consolidarse como cultivo de exportación, aunque todavía compartía protagonismo con el tabaco, las papas, la vid, las almendras, la caña de azúcar y numerosos frutales.

Las comunicaciones seguían dependiendo en gran medida del mar. Las carreteras mejoraban lentamente pero desplazarse entre municipios continuaba siendo difícil, especialmente en el norte de la isla.

Por ello los pequeños puertos conservaban una importancia esencial para el transporte de viajeros, mercancías y correo.

Una de las páginas publicitarias del anuario confirma este papel estratégico.

La Compañía de Vapores Correos Interinsulares Canarios anunciaba un servicio fijo entre los puertos del archipiélago.

Desde Santa Cruz de La Palma partían vapores hacia Tenerife, Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote. El anuncio indicaba igualmente una escala mensual en el puerto de Los Sauces, junto con Tazacorte, concretamente el 25 de cada mes.

Los vapores Viera y Clavijo, León y Castillo, La Palma, Lanzarote, Fuerteventura, Gomera-Hierro eran los buques que mantenían vivas esas conexiones entre las islas.

Casi cien años después, aquellas páginas siguen recordándonos que la historia de un pueblo no solo se escribe en los grandes acontecimientos, sino también en sus pequeños comercios, en sus oficios tradicionales y en la actividad cotidiana de quienes hicieron prosperar un lugar que el propio anuario definía, con razón, como uno de los más ricos y fértiles de La Palma.

Fondo documental: Anuario General de las Islas Canarias. 1927.

SOBRE EL AUTOR

Manuel Marcos Pérez Hernández es colaborador de El Faro de La Palma, donde firma la serie «Memoria palmera», dedicada a la historia, los oficios y las tradiciones del norte de la isla, con especial atención a San Andrés y Sauces.

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Tags: historia de la palmalos saucesManuel Marcos Pérez HernándezMemoria palmeraPatrimoniosan andrés y sauces
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