MEMORIA PALMERA
Puerto Espíndola, el puerto donde la guerra encontró refugio
Cuando el buque británico Pacific Star fue torpedeado frente a Puntagorda en 1942, medio centenar de náufragos encontraron acogida en San Andrés y Sauces. Memoria palmera, por Manuel Marcos Pérez Hernández
La mañana que varias embarcaciones aparecieron frente a Puerto Espíndola quedó grabada para siempre en la memoria de los vecinos de San Andrés y Sauces.
Habían transcurrido apenas unos días desde que el buque británico Pacific Star, integrante de un convoy aliado que navegaba desde Argentina hacia Gran Bretaña en plena Segunda Guerra Mundial, fue alcanzado por un torpedo disparado por el submarino alemán U-509 frente a las costas de Puntagorda, el 27 de octubre de 1942.
Aunque la tripulación logró mantener el barco a flote durante casi un día, la entrada de agua hizo inevitable el abandono de la nave. Los marinos embarcaron en los botes salvavidas y comenzaron una incierta travesía por el Atlántico hasta divisar dos días más tarde, la costa norte y la luz salvadora del faro de Punta Cumplida en Barlovento.
Antes de su llegada, el mar ya había comenzado a anunciar el drama. Los vecinos recuerdan que aparecieron grandes salvavidas flotando entre las olas y que aquello despertó la inquietud de los pescadores. Días después se distinguieron varias lanchas aproximándose lentamente a Puerto Espíndola.
Uno de los testigos de aquel desembarco fue el pescador Antonio Rodríguez Jiménez que entonces tenía veinte años. Medio siglo después seguía recordando la escena con extraordinaria claridad: primero aparecieron los salvavidas y, posteriormente, las embarcaciones llenas de oficiales británicos, mientras el capitán llegaba en un bote más pequeño. Los pescadores salieron al encuentro y comenzaron a remolcar las embarcaciones hasta tierra, mientras centenares de personas observaban la escena desde los riscos.
En la acogida de los náufragos desempeñó un papel destacado la población de San Andrés y Sauces, que les ofreció bebida caliente, alimentos y los trasladó inicialmente a distintas dependencias del municipio para que pudieran recuperarse del agotamiento. Según recordaba Juan Hernández Concepción, quien años más tarde sería propietario del Mesón del Mar, Tomás Sentís Sedo, empresario catalán establecido en Los Sauces y propietario de un empaquetado de plátanos, desempeñó un papel fundamental gracias a su conocimiento del inglés. Actuó como intérprete entre los náufragos y la población local, facilitando la comunicación en unas circunstancias tan excepcionales.
Tras recibir las primeras atenciones en San Andrés y Sauces, los tres supervivientes heridos fueron evacuados en ambulancia hasta el Hotel Florida, en Santa Cruz de La Palma, donde pudieron reunirse con el resto de compañeros rescatados. La cifra de los llegados a Puerto Espíndola fue de 49, según Diario de Avisos de la época. Allí comenzaron a dejar atrás la tensión acumulada durante los días de incertidumbre en alta mar. Los apuntes del tercer maquinista, el señor Wren, reflejan incluso momentos de aparente normalidad: paseos por la ciudad, una sesión de cine y un baño en la piscina del hotel antes de emprender el siguiente viaje.

El 3 de noviembre de 1942, apenas una semana después del hundimiento del Pacific Star, los supervivientes abandonaban La Palma rumbo a Tenerife para continuar su regreso a Reino Unido.
La historia, sin embargo, no terminó entonces. Cincuenta años después, el tercer maquinista del buque, el señor Wren, regresó a La Palma buscando el lugar donde, según sus propias palabras, había vuelto a nacer. Conservaba el diario que escribió durante aquellos días y quiso localizar el punto exacto donde el Pacific Star fue torpedeado. En esa búsqueda encontró un aliado imprescindible en José Feliciano Reyes, director del Museo Naval de Santa Cruz de La Palma, con quien reconstruyó los acontecimientos y recuperó la memoria de aquel episodio que había unido para siempre el norte de la isla con la historia de la Segunda Guerra Mundial.
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La Palma dejó de ser un punto perdido en el océano para convertirse en el lugar donde encontraron refugio, solidaridad y una segunda oportunidad para seguir viviendo
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MANUEL MARCOS PÉREZ HERNÁNDEZ
El hundimiento del Pacific Star fue solo uno de los episodios del devastador ataque sufrido por el convoy SL-125, una de las ofensivas más duras libradas en el Atlántico en 1942. De los treinta y siete barcos que integraban la expedición, únicamente veinticinco alcanzaron finalmente Gran Bretaña. Sin embargo, para los hombres que lograron llegar a Puerto Espíndola, La Palma dejó de ser un punto perdido en el océano para convertirse en el lugar donde encontraron refugio, solidaridad y una segunda oportunidad para seguir viviendo.
El Pacific Star era un buque frigorífico británico que transportaba víveres hacia Reino Unido, integrando el convoy aliado SL-125.
FUENTES
- Semanario El Time, 1993. María Soto (reportaje elaborado con la colaboración de José Feliciano Reyes)
- Diario de Avisos, 2/11/1942
Fotografía: José Feliciano Reyes y Antonio Rodríguez Jiménez en Puerto Espíndola, 1967. Coloreada con IA.
SOBRE EL AUTOR
Manuel Marcos Pérez Hernández es colaborador habitual de El Faro de La Palma con la serie «Memoria palmera», dedicada a la historia, los oficios, la emigración y el patrimonio de San Andrés y Sauces y del norte de la isla.
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