LA PALMA DE ANTES · MEMORIA
Cuando el mar devolvía a los que se fueron: los trasatlánticos de la emigración a Venezuela en el puerto de La Palma, en nueve fotografías
Del Begoña al Surriento, los barcos que llevaron a miles de palmeros a hacer las Américas y que, cada año lustral, los traían de vuelta para la Bajada de la Virgen. Una memoria del puerto de Santa Cruz de La Palma en imágenes de la colección de José Ayut Santos.
Redacción El Faro de La Palma · 13 de junio de 2026
Hubo un tiempo en que el día más feliz del año no estaba en el calendario, sino en el horizonte. En cuanto una silueta de chimenea y cubiertas asomaba por la bocana de Santa Cruz de La Palma, la ciudad entera bajaba al muelle. Los que volvían de Venezuela después de media vida fuera traían de vuelta, en cada abrazo, a toda una isla que los había despedido por ese mismo mar. Las nueve fotografías que conserva nuestro colaborador José Ayut Santos cuentan esa historia: la de los grandes trasatlánticos que se llevaron a los palmeros y que, cada año lustral, los devolvían a casa.
Un puerto hecho de despedidas
Mucho antes de que existiera el aeropuerto, la única puerta de La Palma era el mar. Por el muelle de Santa Cruz salieron, durante la primera mitad del siglo XX, miles de palmeros rumbo a Cuba, a Argentina y, sobre todo, a Venezuela, en busca del porvenir que la isla no podía darles. Las imágenes más antiguas de esta colección retratan ese puerto pausado de coches de época y carros de carga, con los grandes vapores fondeados a resguardo del Risco de la Concepción a la espera del pasaje.


Cada salida era un pequeño duelo. Familias enteras se despedían sin saber si volverían a verse, con la maleta de madera y la dirección de un pariente cosida en el bolsillo. El puerto era a la vez la herida y la esperanza de la isla.


Los barcos que llevaban a Venezuela
En los años cincuenta y sesenta, la emigración a Venezuela se disparó y con ella la competencia entre navieras. A la centenaria Compañía Trasatlántica Española se sumaron las italianas —la Flotta Lauro y la Grimaldi-SIOSA—, que enlazaban Italia y España con La Guaira y Maracaibo haciendo escala en Canarias. Eran buques de pasaje con nombres que en La Palma todavía se recuerdan.
Uno de ellos fue el Surriento, un trasatlántico italiano del armador Achille Lauro con un pasado de película: había nacido en 1928 como el norteamericano Santa María y combatió en la Segunda Guerra Mundial reconvertido en transporte militar. Reformado y rebautizado, hizo su primera escala en Santa Cruz de La Palma el 27 de enero de 1963, entrando empavesado en la bahía como en las grandes solemnidades del mar.

Otro habitual de la línea fue el Irpinia, de la naviera Grimaldi-SIOSA, botado en 1929 con el nombre de Campana. Atracado en el muelle palmero, rodeado de automóviles y de un gentío que se cuenta por miles, resume mejor que ninguna otra imagen lo que suponía la llegada de uno de estos barcos para la isla.

El reencuentro de cada año lustral
Si las salidas eran un duelo, los regresos eran una fiesta —y en La Palma tenían fecha—. Cada cinco años, la Bajada de la Virgen de las Nieves convertía el puerto en el punto de encuentro de toda una diáspora. Los emigrantes ahorraban durante un lustro para coincidir con la fiesta mayor de la isla, y las navieras programaban escalas extraordinarias para traerlos. El ciclo de aquellos reencuentros arrancó en 1955, cuando el trasatlántico portugués Vera Cruz fondeó al resguardo del Risco de la Concepción.


El Begoña, 28 de mayo de 1970: el recibimiento más apoteósico
El episodio más recordado de todos tiene nombre y fecha. La tarde del 28 de mayo de 1970, el trasatlántico español Begoña —de la Compañía Trasatlántica Española— arribó a Santa Cruz de La Palma directo desde La Guaira para desembarcar a un grupo de paisanos que volvían a la isla con motivo de la Bajada de la Virgen. Con su escala se cerraba el ciclo lustral abierto en 1955.
No era una maniobra sencilla. El puerto no tenía remolcador y el capitán, Gerardo Larrañaga, no conocía la bahía. Aun así, con el ancla y la máquina, metió el barco a las seis de la tarde en una maniobra que quedó para la historia. El Begoña entró empavesado, lanzando una salva de cohetes y haciendo sonar la sirena, cuyo eco se propagó por el Risco de la Concepción. En el muelle, una multitud lloraba y recordaba el viaje que muchos habían hecho, años atrás, en un barco como aquel.

«¿Será exagerado afirmar que ha sido el recibimiento más apoteósico hecho a un barco? Sinceramente creo que no.»
Manuel Marrero Álvarez, consignatario, en carta del 29 de mayo de 1970
El Begoña continuó viaje aquella misma medianoche hacia Tenerife, Vigo y Southampton. Años después sería desguazado, como casi todos sus compañeros de línea: la llegada del avión acabó con la época de los grandes trasatlánticos. Pero en la memoria de la isla, aquella tarde sigue intacta.
LOS BARCOS DE LA EMIGRACIÓN
- Begoña (Compañía Trasatlántica Española, ex-Castel Bianco): su escala histórica en La Palma fue el 28 de mayo de 1970, directo desde La Guaira. Capitán, Gerardo Larrañaga.
- Surriento (Flotta Lauro, italiano; ex-Santa María de 1928): primera escala en Santa Cruz de La Palma el 27 de enero de 1963; regresó el 13 de junio de 1965 con 113 pasajeros para el año lustral.
- Irpinia (Grimaldi-SIOSA, italiano; ex-Campana de 1929): cubrió la línea Italia–Canarias–Venezuela.
- El ciclo de los reencuentros lustrales arrancó en 1955 con el trasatlántico portugués Vera Cruz.
MÁS DE «LA PALMA DE ANTES» EN EL FARO
Las fotografías proceden de la colección de nuestro colaborador José Ayut Santos. Los datos históricos de los buques se han contrastado con la obra del historiador naval Juan Carlos Díaz Lorenzo en su publicación Puente de Mando (puentedemando.com). El Faro agradece a quien pueda aportar identificaciones de barcos o personas que escriba a redaccion@elfarodelapalma.es.



