LA BASÍLICA QUE NUNCA SE LEVANTÓ · I
La basílica que nunca se levantó (I): seis siglos de historia del Santuario de Las Nieves
El proyecto que amenazó con cambiar para siempre el principal santuario mariano de la isla. Primera entrega: la ermita anterior a la conquista, el enigma de la Negrita y el Morro de Las Nieves de los benahoaritas.

Este año se cumplieron 69 años de la colocación de la primera piedra de una monumental basílica proyectada para Nuestra Señora de las Nieves, una iniciativa impulsada con motivo del XXV aniversario de la Coronación Canónica de la Patrona de La Palma. Aquel ambicioso proyecto, concebido como uno de los mayores templos religiosos de Canarias, nunca llegó a hacerse realidad. Con el paso del tiempo, muchos consideran que fue una fortuna que aquella colosal construcción quedara únicamente sobre el papel, permitiendo conservar intacto uno de los espacios patrimoniales, históricos y espirituales más emblemáticos del Archipiélago.
Un santuario con más de seis siglos de historia y devoción
El Real Santuario Insular de Nuestra Señora de las Nieves constituye, desde hace siglos, el principal centro de espiritualidad de La Palma y uno de los focos de devoción mariana más antiguos de Canarias. Se alza en un enclave privilegiado del municipio de Santa Cruz de La Palma, a apenas cinco kilómetros del casco histórico de la capital, rodeado por un paisaje de extraordinaria belleza y serenidad.
El investigador y polifacético artista palmero Alberto-José Fernández García (1922-1984) describía este lugar con palabras que aún hoy mantienen toda su vigencia:
«Está situado entre dos barrancos, es un remanso de paz, interrumpido solamente por el murmullo del agua de la fuente de los peregrinos y la cadencia de la brisa. Dentro de este templo, la Virgen de las Nieves, Reina y Señora de La Palma, en su hornacina barroca y rodeada de robustos ángeles que portan instrumentos musicales, recibe fervorosa veneración del pueblo palmero».
La mayoría de los historiadores coinciden en situar el origen de este recinto sagrado en una pequeña ermita levantada décadas antes de la conquista castellana de La Palma, culminada en 1493. Esta afirmación se sustenta en la interpretación de la bula promulgada por el papa Martín V en Roma el 20 de noviembre de 1423, documento que acredita la existencia de una capilla dedicada a «Beatae Mariae de La Palma» en plena época prehispánica.
El sacerdote e historiador José de Viera y Clavijo (1731-1813) ya señalaba que el santuario mariano «no fue en su origen sino una pequeña ermita, muy anterior a la absoluta conquista del país, puesto que en documento pontificio del papa Martino V, de 1423, se hace mención a una capilla bajo la advocación de Santa María de La Palma».
El documento más antiguo que menciona expresamente este lugar, reproducido por Fernández García, es una data otorgada por el conquistador Alonso Fernández de Lugo el 23 de enero de 1507, mediante la cual se repartían distintos terrenos en la isla:
«…y otro título que ansi mesmo le dio en Santa María de las Nieves un solar de cincuenta codos…».

El origen de la imagen de la Patrona
El origen de la imagen de Nuestra Señora de las Nieves continúa siendo uno de los grandes enigmas de la historia insular. Diversos cronistas han planteado distintas hipótesis sobre su llegada a La Palma. Algunos sostienen que fue introducida por misioneros durante las primeras campañas evangelizadoras que precedieron a la conquista definitiva de Benahoare —nombre aborigen de la isla—; otros apuntan a incursiones de frailes irlandeses o de navegantes mediterráneos, de misioneros mallorquines o del Obispado de Telde, mientras que tampoco ha faltado quien defendiera que fue el propio Alonso Fernández de Lugo quien la trajo consigo como imagen de campaña.
Ya en 1753, el dominico palmero fray Luis Tomás Leal, en el prólogo de una novena dedicada a la Virgen y recogido posteriormente por Jesús Pérez Morera, reconocía la incertidumbre existente:
«Ignórase el cuándo, quién y de dónde vino aquel portentoso simulacro, que es de piedra, y no muy sólida».
Pese a ello, Alberto-José Fernández García concluía con rotundidad:
«Se sabe y está comprobado que evangelizadores introdujeron el cristianismo en nuestra isla con anterioridad a su conquista».
La escultura de la Virgen de las Nieves, considerada la imagen mariana más antigua conservada en Canarias, es una pequeña talla de estilo románico tardío fechada en el siglo XIV. Desde el último tercio del siglo XVI permanece revestida con ricos mantos para el culto.
Diversos especialistas, entre ellos el profesor Jesús Pérez Morera, han defendido un posible origen sevillano para la imagen. Fernández García la definía como «una obra gótica con reminiscencias románicas». La talla mide apenas 57 centímetros y fue realizada en barro cocido, un material utilizado por escultores flamencos y franceses que desarrollaron su actividad en Sevilla durante el siglo XV, como Lorenzo Mercadante o Miguel Perrín, citados por Hernández Perera.
Precisamente, el investigador palmero Miguel Ángel Martín Sánchez dedicó un exhaustivo estudio al imaginero Lorenzo Mercadante de Bretaña (?-1480), atribuyéndole la autoría de la venerada imagen.
No faltan tampoco antiguas descripciones de gran interés. En 1694, Martín de Cubas escribía que era una imagen de «barro cocido de tres palmos, con letras mal formadas y gastadas alrededor del manto y un niño en el brazo derecho; hoy está metida en una funda de madera que la hace más alta y es aderezada con vestidos y joyas».
A ello se suma una curiosa tradición recogida por la beata María de San José, quien aseguraba haber recibido en 1680 la revelación de que la popular «Negrita» había sido formada por los propios ángeles utilizando fragmentos de «la columna en que fue azotado el Señor».

El antiguo lugar de culto de los benahoaritas
Diversas investigaciones sostienen que los antiguos habitantes de la isla —los benahoaritas, awaritas o auaritas— ya rendían culto a la imagen en el conocido Morro de Las Nieves, muy próximo al actual santuario. Se trata de una elevación salpicada de cuevas y situada entre los barrancos de La Madera y del Río, un enclave de enorme importancia estratégica y simbólica para los antiguos pobladores.
La relevancia arqueológica del lugar quedó reforzada cuando el antropólogo francés René Verneau (1852-1938) localizó en las cuevas próximas al templo una abundante concentración de restos óseos aborígenes, llegando a considerar este espacio como una auténtica necrópolis prehispánica.
Además, el investigador palmero Miguel Ángel Martín González establece una conexión muy sugerente entre ese espacio prehispánico y el posterior santuario. En su interpretación, el Morro de Las Nieves ya poseía una dimensión espiritual antes de la conquista, y posteriormente el espacio fue cristianizado mediante la construcción del santuario. Él habla de una transformación del antiguo espacio de culto y de la conservación del carácter sagrado del territorio, aunque bajo un culto diferente.

La evolución del templo
La tradición sostiene que la primera ermita fue levantada cuando la imagen fue trasladada desde la cueva del barranco donde había permanecido durante la etapa evangelizadora hasta el lugar que hoy ocupa el santuario.
Aunque el dato documental más antiguo relacionado con su fábrica corresponde a 1611, todo apunta a que aquella primera construcción debió levantarse poco después de la conquista de la isla.
Su fachada principal, de estilo renacentista, incorpora elementos característicos de la arquitectura tradicional canaria, como el elegante balcón de madera con balaustres. A mediados del siglo XVII el templo fue ampliado mediante la construcción de una nueva capilla mayor y el ensanchamiento del arco triunfal. Finalmente, en 1672 la antigua ermita volvió a reedificarse, adquiriendo mayores dimensiones e incorporando también un campanario.
La iglesia presenta una única nave cubierta con armadura de par y nudillo. El presbiterio se cubre mediante una bóveda de cañón decorada, a finales del siglo XIX, por el reconocido pintor Ubaldo Bordanova Moreno (1866-1909).
Especialmente llamativa resulta la portada lateral del santuario, rematada por un elegante frontón y un delicado escudo labrado en piedra. En la fachada principal destaca igualmente el tradicional balcón situado bajo la espadaña, que se eleva sobre una sencilla puerta de acceso.
Sin embargo, es en su interior donde el santuario revela toda su extraordinaria riqueza. El templo constituye un auténtico museo de la fe y del arte canario, al albergar uno de los conjuntos patrimoniales más importantes del Archipiélago. Sobresalen el magnífico retablo mayor del siglo XVII, considerado una auténtica obra maestra; valiosas esculturas flamencas; diversos retablos y artesonados; lámparas históricas; mobiliario litúrgico; una destacada biblioteca; importantes colecciones pictóricas, entre ellas los célebres exvotos marineros; una sobresaliente muestra de platería americana y, especialmente, el excepcional ajuar, los tejidos y el joyero de la Virgen, considerado entre los más valiosos de España.

«Está situado entre dos barrancos, es un remanso de paz, interrumpido solamente por el murmullo del agua de la fuente de los peregrinos y la cadencia de la brisa»
LAS ENTREGAS DE ESTA SERIE
- I. seis siglos de historia del Santuario de Las Nieves (esta entrega)
- II. el sueño de un gran templo y la campaña que movilizó a La Palma
- III. 22 de junio de 1955, el día de la primera piedra
- y IV. el proyecto que jamás pasó del papel
SOBRE EL AUTOR
José Guillermo Rodríguez Escudero es historiador y colaborador habitual de El Faro de La Palma. Firma en estas páginas artículos sobre patrimonio, arte y memoria de La Palma.
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Texto: José Guillermo Rodríguez Escudero. Las fotografías proceden del archivo del autor.



