LA BASÍLICA QUE NUNCA SE LEVANTÓ · II
La basílica que nunca se levantó (II): el sueño de un gran templo y la campaña que movilizó a La Palma
Segunda entrega: el proyecto para derribar el santuario histórico, la campaña de Diario de Avisos desde 1953 y Rubens Henríquez, el joven que dibujó gratis la basílica.

El ambicioso sueño de levantar una gran basílica
Afortunadamente, el visitante que hoy asciende hasta el Real Santuario Insular de Nuestra Señora de las Nieves sigue encontrando el mismo recinto que, desde hace siglos, constituye el corazón espiritual de La Palma. Cada día, peregrinos y visitantes cruzan sus puertas para contemplar a la popular «Negrita», admirar el extraordinario patrimonio que custodian sus muros y participar en las celebraciones religiosas dedicadas a la patrona insular, especialmente durante las Fiestas Lustrales, de las que el santuario es punto de partida y destino final.
Sin embargo, pocos recuerdan que este lugar estuvo a punto de desaparecer para siempre.
A mediados del siglo XX se proyectó derribar el histórico templo para levantar sobre el mismo solar una gigantesca basílica conmemorativa que celebraría el XXV aniversario de la Coronación Canónica de la Virgen de las Nieves. Aquella construcción, concebida con dimensiones monumentales, habría transformado radicalmente el paisaje del lugar y borrado buena parte de la evolución histórica del santuario.
Vista desde la perspectiva actual, resulta difícil imaginar una obra de semejante envergadura en un enclave de tanta belleza natural y tan profundamente vinculado a la historia de la isla. La armonía existente entre el templo, el paisaje y la tradición habría quedado sustituida por un edificio de proporciones colosales, completamente ajeno al carácter del entorno.
Con el paso del tiempo, la paralización del proyecto ha terminado siendo considerada por muchos como una de las mejores noticias para la conservación del patrimonio histórico y artístico de La Palma.
¿Qué significaba construir una basílica?
Conviene recordar que, en su origen, la basílica fue un edificio público de la antigua Roma destinado a la administración de justicia y a las actividades comerciales y sociales. Con el desarrollo del cristianismo, aquel modelo arquitectónico pasó a inspirar numerosos templos y, con el tiempo, el término quedó reservado para aquellas iglesias que, por su importancia histórica, artística o espiritual, reciben determinados privilegios concedidos por la Santa Sede.
La aspiración de convertir el Santuario de Las Nieves en una gran basílica respondía precisamente al deseo de dotar a la patrona palmera de un templo considerado acorde con la enorme devoción que despertaba en toda la isla.

La campaña popular para hacer realidad el proyecto
La idea comenzó a tomar fuerza en los primeros años de la década de 1950 gracias a una intensa campaña promovida desde la prensa local.
En noviembre de 1953, el periódico local llamaba especialmente a la juventud palmera para encabezar el movimiento ciudadano que impulsaría la futura construcción.
Con un lenguaje propio de la época, el editorial apelaba al entusiasmo de las jóvenes de la isla:
«Y la pauta la darán las jóvenes palmeras. Han de ser ellas las primeras, las más decididas; la juventud que bulle en sus venas, las ansias que brotan de sus corazones, las ilusiones que se forjan en sus fantasías».
Aquella movilización no solo pretendía levantar un edificio, sino despertar un sentimiento colectivo alrededor de la patrona.
El propio editorial continuaba afirmando:
«Todo ello unido en un deseo ferviente de amor a la Virgen, serán los cimientos, los pilares de una gran Basílica espiritual que ha de construirse en las Nieves».
Poco después, el rotativo justificaba la necesidad del nuevo templo con un tono cargado de entusiasmo:
«¡Una Basílica en las Nieves! Un templo digno de nuestra Virgencita. Un edificio cuya esbeltez de líneas, cuyo armonioso trazado indique a todos los corazones palmeros la ruta de sus destinos. Un edificio, en suma, que sea motivo de legítimo orgullo».
Rubens Henríquez, el joven autor del proyecto
La prensa también quiso destacar la figura del autor del diseño arquitectónico.
Se trataba del joven proyectista Rubens Henríquez, cuyo trabajo había sido realizado de forma completamente altruista.
El propio Diario de Avisos ensalzaba su labor con palabras especialmente elogiosas:
«Hemos de consignar además —lo sabe todo el mundo, pero debe quedar en letra impresa— que el proyecto fue confeccionado gratuitamente por ese joven trabajador, inteligente y modelo que se llama Rubens Henríquez. El muchacho, llamado aún a brillante porvenir, volcó seguramente su inmenso amor a la Virgen morena y le conjugó a la perfección con sus dotes artísticas y de entrega absoluta a su profesión».
Aquellas líneas reflejan perfectamente el ambiente de ilusión que rodeó una iniciativa que, durante varios años, fue presentada como uno de los grandes proyectos religiosos de la historia insular.

Una obra que necesitaba el apoyo de toda la isla
Levantar una basílica de semejantes dimensiones exigía una enorme inversión económica.
Por ello, desde el primer momento se apeló a la colaboración de toda la sociedad palmera, sin distinción de clases sociales ni de ideologías.
La prensa insistía una y otra vez en la necesidad de contribuir económicamente al proyecto:
«Si es preciso el esfuerzo de todos —que lo será—, la aportación económica de todos los hijos sin distinción de clases ni de matices, es preciso prestarla y se prestará, pues la Señora del Monte es digna de todos los sacrificios y cuidados; es centro de todas las devociones y madre amorosa y tierna de todos los que sufren».
Los argumentos trascendían el ámbito estrictamente religioso.
Nuestra Señora de las Nieves era presentada como protectora histórica de La Palma y símbolo de identidad colectiva.
Así lo expresaba también el periódico al recordar que la patrona había sido durante siglos:
«Protectora secular de esta Isla nuestra, capitana en muchas ocasiones de las singladuras del mar, cuando nuestros hombres se enfrentaron tenaces una y otra vez contra la furia desmelenada del Océano».

La primera piedra ya tenía fecha
Mientras continuaba la campaña de apoyo popular, los preparativos avanzaban.
Semanas antes de las Fiestas Lustrales de 1955, Diario de Avisos publicó una invitación dirigida a todos los habitantes de la isla para asistir a los actos conmemorativos de las Bodas de Plata de la Coronación Canónica.
El programa anunciaba una jornada cargada de simbolismo:
«A las 08:30, hora de llegada de los peregrinos y representaciones de los distintos pueblos con banderas de Acción Católica; a las 09:00, misa de comunión; a continuación, ofrenda por las jóvenes de la isla; a las 11:00, función de pontifical y colocación de la primera piedra de la nueva basílica».
La construcción ya no era una simple idea.
La ceremonia estaba organizada, las autoridades habían confirmado su asistencia y todo hacía pensar que el monumental santuario comenzaba definitivamente su andadura.
Pocos podían imaginar entonces que aquella primera piedra sería, paradójicamente, el único vestigio material de un proyecto llamado a convertirse en uno de los mayores edificios religiosos de Canarias y que, con el paso de los años, acabaría formando parte de la historia de las grandes obras que nunca llegaron a construirse.
«¡Una Basílica en las Nieves! Un templo digno de nuestra Virgencita. Un edificio, en suma, que sea motivo de legítimo orgullo»
LAS ENTREGAS DE ESTA SERIE
- I. seis siglos de historia del Santuario de Las Nieves
- II. el sueño de un gran templo y la campaña que movilizó a La Palma (esta entrega)
- III. 22 de junio de 1955, el día de la primera piedra
- y IV. el proyecto que jamás pasó del papel
SOBRE EL AUTOR
José Guillermo Rodríguez Escudero es historiador y colaborador habitual de El Faro de La Palma. Firma en estas páginas artículos sobre patrimonio, arte y memoria de La Palma.
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Texto: José Guillermo Rodríguez Escudero. Las fotografías proceden del archivo del autor.



