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La Esclavitud de Nuestra Señora de las Nieves (V): fundaciones, mayorazgos y los devotos de la Octava

by José Guillermo Rodríguez Escudero
agosto 8, 2026
in Cultura, La Palma, Opinión
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LA ESCLAVITUD DE LAS NIEVES · V

La Esclavitud de Nuestra Señora de las Nieves (V): fundaciones, mayorazgos y los devotos de la Octava

La Noble Esclavitud de Nuestra Señora de las Nieves: una historia de devoción, unión familiar y gratitud a la Virgen que nació hace 345 años

Fundaciones y mayorazgos para perpetuar la veneración

La devoción a la Virgen morena no solo se manifestó mediante promesas y donativos puntuales. A lo largo de los siglos, numerosos palmeros decidieron asegurar la continuidad de su culto mediante la creación de vínculos y fundaciones piadosas que garantizasen, con carácter perpetuo, la celebración de determinadas fiestas, sermones y demás actos religiosos en honor de la Patrona de la isla.

Uno de estos ejemplos lo protagonizó Francisca Santos Durán, vecina de Santa Cruz de La Palma, quien en 1706 entregó al sargento mayor Diego de Guisla y Castilla, Alguacil Mayor del Santo Oficio de la Inquisición en La Palma y Mayordomo de Fábrica de la Virgen de las Nieves, la cantidad de 1.000 reales para que fueran impuestos a tributo. Dispuso que los réditos producidos por dicho capital se destinaran a la predicación de ocho sermones o pláticas dedicadas a la doctrina cristiana y a las alabanzas de Nuestra Señora, asignando una limosna de quince reales por cada uno de ellos. El remanente debía incorporarse a las rentas de la fábrica del santuario, contribuyendo así a su conservación y sostenimiento.

Loa de Llegada de la Virgen de las Nieves en 1925
La Loa de Llegada de 1925. Archivo General de La Palma, colección FSFC.

Otro de los principales benefactores fue el doctor Pedro de Guisla Corona, Consultor y Comisario del Santo Oficio de la Inquisición, Vicario y Juez de Cuatro Causas de La Palma, quien, además, figuró entre los firmantes del memorial presentado al obispo Bartolomé García Jiménez con motivo de la instauración de la Bajada de la Virgen.

Consciente de la importancia que había adquirido la celebración de la festividad de la Candelaria y de su octava, que debía tener lugar «cada quinquenio con la milagrosísima Imagen de Las Nieves», otorgó testamento cerrado, abierto por la Real Justicia el 24 de febrero de 1706 y mandado protocolizar ese mismo día en el registro de instrumentos públicos del escribano Andrés de Huerta.

En una de sus cláusulas dispuso la vinculación de todos sus bienes, imponiendo a sus sucesores la obligación de mantener viva la celebración de uno de los días de la octava. Así lo dejó expresamente consignado:

«Item. Que todos los sucesores de este vínculo han de ser obligados a encender y enramar un día de la octava con la imagen de Nuestra Señora de Las Nieves, que este día es el que me obligué a encender por todos los de mi vida, como lo he hecho hasta aquí desde que se instituyó la dicha octava; y es mi voluntad y lo ha sido siempre perpetuarlo como lo hago».

Como primer sucesor de este vínculo designó, mientras viviera, a su primo y cuñado, el sargento mayor Diego de Guisla y Castilla, Alguacil Mayor del Santo Oficio. La elección respondía tanto al profundo afecto que le profesaba como a la absoluta confianza que tenía en que sabría conservar e incrementar aquella devoción. Así lo expresó en su testamento:

«Porque además del afecto grande con que siempre le he amado y estimado, estoy cierto de que en todo tiempo que Dios Nuestro Señor le diere de vida ha de conservar esta devoción y fomentarla para que no decrezca en manera alguna, atendiendo a que se dirige al culto y veneración de la santa imagen de Nuestra Señora de Las Nieves, en cuyo servicio se han empleado de muchos años a esta parte».

Ángeles para la Loa de 1920
Ángeles preparados para la Loa de 1920.

Tras el fallecimiento de Diego de Guisla, la sucesión de los bienes vinculados debía recaer en el miembro de la familia que hubiese resultado elegido por sorteo como Esclavo de Nuestra Señora para la correspondiente festividad anual, reforzando así la estrecha relación existente entre el mayorazgo y la Esclavitud fundada por Juan Pinto de Guisla.

Entre los grandes bienhechores del santuario —considerado el templo más rico de La Palma por la abundancia de sus alhajas y donaciones— merece igualmente un lugar destacado Cristóbal Pérez Volcán. En el testamento que otorgó en La Habana el 5 de enero de 1790 ante el escribano Nicolás de Frías, destinó una importante suma para perpetuar la última jornada de la octava de la Virgen. La quinta cláusula de su disposición testamentaria establecía:

«Mando asimismo se impongan 1.500 pesos para que con sus réditos el Cura de la Parroquia de Nuestra Señora de Las Nieves y su Mayordomo le hagan perpetuamente la última fiesta de su octava, y lo sobrante se aplique al culto de esta misma Imagen».

Las obligaciones derivadas de estos vínculos eran precisas y minuciosamente reguladas. El beneficiario debía entregar cada año al cura servidor del santuario, además de las diez libras de cera establecidas, la cantidad de veinticuatro reales para la celebración de la fiesta de la Candelaria; proporcionar los vestuarios necesarios y disponer de los sacerdotes que hubieran de portar las andas de la Virgen durante la procesión, abonándoles el correspondiente estipendio; colocar treinta velas de media libra en el trono donde se exponían el Santísimo Sacramento y la imagen de Nuestra Señora, respetando la costumbre tradicional; satisfacer otros veinticuatro reales al predicador encargado del sermón y depositar, además, cincuenta reales cuyo rendimiento anual debía destinarse a la conservación y reparación del Cuarto de los Esclavos, al gasto de cera y ramas correspondiente al día que Juan Pinto de Guisla había reservado para sí dentro de la octava de la Candelaria en cada Bajada quinquenal de la Virgen y, finalmente, a sufragar la ejecución de las pinturas que aún faltaban para completar la serie de catorce lienzos prevista para decorar aquel aposento.

Estos no fueron, ni mucho menos, los únicos casos. La documentación conservada recoge numerosos vínculos, memorias pías y mayorazgos instituidos por familias palmeras con el propósito de engrandecer el culto a la querida «Negrita» y asegurar la continuidad de sus celebraciones. Los aquí mencionados constituyen tan solo una muestra del extraordinario compromiso religioso y patrimonial que, durante siglos, sostuvo la devoción mariana y contribuyó decisivamente al esplendor de su santuario.

Los devotos que iluminaron la Octava de la Virgen

Los primeros benefactores que asumieron el compromiso de dotar la Octava de Nuestra Señora de las Nieves durante su Bajada lustral a Santa Cruz de La Palma, celebrada cada quinquenio, fueron las personas que se relacionan a continuación.

«

Todos los sucesores de este vínculo han de ser obligados a encender y enramar un día de la octava con la imagen de Nuestra Señora de Las Nieves.

»

Testamento de Pedro de Guisla Corona, 1706

Todos ellos contrajeron la obligación de sufragar la cera correspondiente a uno de los días de la Octava, comprometiéndose a proporcionar veinticuatro velas de media libra para el culto de la sagrada imagen. Quedó reservado, no obstante, el primer día de la llegada de la Virgen —la víspera de la festividad— a la Ciudad, la Justicia y el Regimiento, como representantes de las principales instituciones insulares.

La bandera de la Virgen en el Castillo en 1910
La bandera en el Castillo, 1910.

Este compromiso fue asumido mediante solemne juramento y con carácter perpetuo para todos los días de su vida, constituyendo una de las primeras manifestaciones organizadas de la devoción que las principales familias palmeras profesaban a su excelsa Patrona.

1. Lcdo. Juan Pinto de Guisla (Beneficiado de El Salvador, Consultor del Santo Oficio de la Inquisición y Visitador General de La Palma)

2. Dtor. Pedro de Guisla Corona (Presbítero, Consultor del Santo Oficio de la Inquisición)

3. Diego de Guisla y Castilla (Alguacil Mayor del Santo Oficio, Sargento Mayor y Regidor de La Palma)

4. Lcdo. Melchor Brier y Monteverde (Abogado de los Consejos, Vicario y Juez de Cuatro Causas de esta isla)

5. Antonio Pinto (Sargento Mayor del Regimiento)

Procesión del mediodía del 5 de agosto
La procesión del mediodía del 5 de agosto, día de la Patrona.

6. Nicolás Massieu y Rants (Regidor y Alguacil Mayor de La Palma)

7. Juan Fierro Monteverde (Regidor Perpetuo de La Palma)

8. Miguel Abreu y Rege. (Maestre de Campo, Ministro de Santo Oficio de la Inquisición, Regidor y Gobernador de las Armas de esta isla por Su Majestad)

La Esclavitud contaba con un libro propio que hacía las veces de reglamento y en el que se recogían las constituciones y cláusulas por las que había de regirse la Hermandad. En sus primeras páginas figuraban inscritos los familiares fundadores, acompañando sus nombres con sus respectivas firmas, mientras que, en las siguientes, fueron incorporándose sucesivamente sus descendientes, garantizando así la continuidad de la institución a lo largo de las generaciones.

La cofradía estaba integrada, fundamentalmente, por los parientes consanguíneos del linaje fundador. No obstante, también podían ingresar en ella los cónyuges de los miembros matriculados, quienes adquirían los mismos derechos para participar en el sorteo anual del Esclavo de Nuestra Señora y disfrutar de los beneficios derivados de los bienes vinculados a la Esclavitud.

Del mismo modo, tenían cabida los religiosos y religiosas pertenecientes a la familia, incluso cuando aún se encontraban en el noviciado. Sin embargo, las constituciones establecían para ellos una limitación importante: aunque podían entrar en el sorteo y desempeñar el cargo de Esclavo si resultaban elegidos, les estaba expresamente prohibido disfrutar de las rentas o beneficios económicos procedentes de los bienes vinculados, reservándose su participación exclusivamente al servicio y al honor de la institución.

El último acto de elección del Esclavo de Nuestra Señora de las Nieves celebrado conforme a las antiguas constituciones tuvo lugar en 1837.

La tradición permaneció interrumpida durante más de seis décadas, hasta que fue recuperada en mayo de 1900. En aquella ocasión resultó elegido José de Van de Walle y Pinto, en un acto celebrado en la parroquia matriz de El Salvador y presidido por Benigno Mascareño, arcipreste de La Palma, devolviendo así la continuidad a una de las instituciones devocionales más singulares vinculadas al culto de la Patrona insular.

LAS ENTREGAS DE ESTA SERIE

  • I. una familia al servicio de la Patrona
  • II. la Bajada Lustral y el nacimiento de una Hermandad
  • III. el Cuarto de los Esclavos
  • IV. los primeros Esclavos y las reglas de la Hermandad
  • V. fundaciones, mayorazgos y los devotos de la Octava (esta entrega)
  • y VI. el Libro restaurado y una fiesta desaparecida

SOBRE EL AUTOR

José Guillermo Rodríguez Escudero es historiador y colaborador habitual de El Faro de La Palma. Firma en estas páginas artículos sobre patrimonio, arte y memoria de La Palma.

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Texto: José Guillermo Rodríguez Escudero. Las fotografías proceden del archivo del autor y de los fondos citados en cada pie.

José Guillermo Rodríguez Escudero

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